la confesión de fidon (spanish)
Capítulo 1
El viejo reloj de la torre dio las doce de la noche y los dos hombres continuaban jugando. Ralfe, el hijo mayor de Gerald Cantonville, tenía deudas con un prestamista canalla y de pura desesperación había empezado a jugar en un supremo esfuerzo por juntar dinero suficiente pero ni por ésas; jugaba y jugaba pero Baycraw ganaba siempre. De pronto se abrió la puerta y apareció un chico de diecinueve años que acababa de dejar el internado con casi todas las copas que era posible ganar. Desde luego muy listo no era porque no había conseguido llegar a sexto «Hola Ralfe, ¿jugando todavía? Yo tendría que acostarme». El hermano mayor le miró con malos ojos: «Lárgate a la cama, chavalín», gruñó, y siguió con la partida. Tom Cantonville se encogió de hombros y salió con el corazón en un puño.
Baycraw bajó de puntillas y al abrir la ventana entró una ráfaga de aire frío. Lanzó un silbido y una forma se recortó brevemente en silueta contra el azur de fuera. Luego se oyó un golpe sordo y una advertencia en voz baja. Después silencio. Los dos hombres, Baycraw y Fidon, subieron sigilosamente por la escalera y tras abrir la puerta del cuarto del señor Cantonville encendieron la luz. El viejo se dio la vuelta y pestañeó y cuando empezó a moverse se encontró con que tenía delante el cañón de un colt.
—Un solo ruido y es hombre muerto —susurró Braycow
—Quién es usted —farfulló el viejo, aterrorisado.
—¡Lo sabe muy bien! No tiene tan mala memoria. Por fuerza recordará cierto robo a un banco en el que interbenía un tal Cargon, no se acuerda de lo que dijo cuando usted lo descubrió, ¿eh? ¿Algo de una venganza? Muy bien, pues aquél soy yo y esto… —(En ese momento Fidon se apartó mientras Braycaw levantaba un cuchillo y asestaba un golpe de arriba abajo. Hubo un grito ahogado y luego silencio)—.
—Esto —terminó Fidon— es nuestra venganza
Capítulo 2
Las ocho y media y el señor Cantonville seguía sin aparecer. Empezaron a ponerse nerviosos porque siempre era puntual. Tom fue a ver qué pasaba. Un minuto después volvía tambaleándose y blanco hasta los labios con una mano en la frente se dejó caer en una silla y allí se quedó como muerto, boqueando. Ralfe fue corriendo al aparador y volvió con una copa de brandy. Tom se la bebió, se incorporó y dijo: «Está muerto, tiene sangre pot todo el pecho». La señora Cantonville subió corriendo seguida de los demás. Allí estaba el señor Cantonville con un cuchillo clavado en el pecho. «Será mejor que no toquemos nada hasta que vengan los inspectores», sugirió Ralfe Tom estaba ya al teléfono y al cabo de diez minutos apareció un coche en el camino particular y de él bajó un inspector. a todo esto Braycaw estaba en el cuarto de desayunar dando caladas a un puro, pero ahora siguió al inspector a la escena del crimen. El inspector se inclinó sobre el cadáver y arrancó el cuchillo, una daga india que había pertenecido a Ralfe, pero que había regalado en prenda a Braycaw al no poder pagar para la partida. «Ese cuchillo es de Ralfe», exclamó Barbarous, su hermana.
El inspector se volvió hacia el aludido.
—¿Cómo explica esto? —inquirió
Braycaw se adelantó diciendo: «Yo puedo explicarlo». Ralfe tenía deudas y era el heredero de todos los bienes y el capital de su padre
—Serás canalla —gritó Ralfe saltando hacia el otro, pero se detuvo al ver que el inspector lo tenía encañonado con su revolver
—Señor Ralfe Cantonville —dijo secamente—, podrá explicarse cuanto quiera ante un tribunal hasta entonces considérese usted arrestado.
Tom se llevó las manos a la cara. Oyó un clic y vio a Ralfe esposado. Dio media vuelta, corrió escaleras abajo y llevándose las manos a la cara lloró como un niño. De repente se abrió la puerta y entró Braycaw con una cínica sonrisa en los labios Tom se levantó de un salto, echando chispas por los ojos «Qué mala suerte ha tenido tu hermano, ¿eh?» dijo Braycaw. La respuesta de Tom fue un tremendo gancho. Braycaw, que no era un hombre corpulento, se tambaleó hacia atrás llevándose las manos a la cara y cayó al suelo. Tom dio media vuelta y salió de la habitazión dejando a Braycaw hecho un guiñapo en el suelo y con la nariz partida.
Capítulo 3
Fidon podía tener muchos defectos pero no era ningún canalla y al enterarse de que habían arrestado a Ralfe rápidamente decidió declarar como testigo de la acusación y aquella tarde a las cinco y media llamaron a la puerta y un mozo recién afeitado entró en el amplio bestívulo de la mansión Cantonville. Fue conducido a la sala de estar, donde encontró a Tom muy desanimado intentando leer. Fue directo al grano y se lo contó todo. Tom fue enseguida a por lápiz y papel y puso por escrito la confecion. De repente sonó una detonación y ruido de cristales y un grito de Fidon. Alguien, de baja estatura, entró corriendo, tiró algo al suelo y toda la sala se llenó de humo. Tom consiguió llegar a la ventana y dejó que entrara el aire fresco de la noche. Al despejarse el humo vio a Fidon en el suelo con una bala en la cabeza y la preciada confecion había desaparecido. Luego oyó un motor de coche y cuando fue a mirar sólo vio que Braycaw se alejaba en un automóvil y se perdía de vista agarró la bicicleta y al momento fue en su busca. Tras una larga y alocada persecución de cuyo resultado dependía la vida de un hombre Tom sacó su «Browning» y disparó hacia la oscuridad y luego disparó una segunda vez y vio que salían llamas del coche, ¡le había dado a la gasolina! El coche hizo Ses y derrapó; una forma oscura salió del vehículo. Tom saltó de la bicicleta y agarró a Braycaw por el abrigo. Visto y no visto, braycaw desapareció dejando a Tom con el abrigo en la mano. Pero las llamas del coche permitieron a Tom ver algo que le llenó de alegria: del bolsillo del abrigo sobresalía la confecion. ¡Ralfe estaba salvado!
Capítulo 4
La luz entró a chorro por la ventana y Tom se incorporó lo primero que hizo fue palpar debajo de la almohada y un suspiro de alivio escapó de sus labios al tocar el papel pero tenía que ponerse en marcha el juicio era mañana y le quedaba un buen trecho hasta allí. Miró el reloj eran las 10 el juicio sería dentro de 24 horas. Se vistió y después de un rápido desayuno fue corriendo a la estación y el tren ya estaba allí y subió. Al cabo de cinco minutos el tren arrancó y ya estaba echando vapor cuando un caballero con barba llegó corriendo por el andén y subió de un salto. Con una agilidad impropia de sus años puso el pie en el estribo y un momento después estaba mirando por la ventanilla del compartimiento de Tom. Disculpándose por tan apresurada entrada tomó asiento y aparentemente se quedó dormido Tom le miró de arriba abajo y reparó en que tenía la nariz rota. Empezó a sospechar algo. Pasó la mano por detrás del hombre y tiró de uno de sus mechones. Era una peluca. Se apartó de un salto y tiró de la barba y la barba se desencajó de la cara, pues no era otro que Braycaw que entonces saltó sobre él. Forcejearon como fieras y al ir a dar contra la portezuela esta se abrió y cayeron talud abajo y fueron rodando y rodando hasta que al chocar contra el suelo Tom perdió el cocimiento.
Cuando Tom recobró el sentido era de noche y buscó en el bolsillo y encendió un fósforo y vio que estaba en un arbusto que sobresalía del talud. Braycaw había quedado atrapado también allí pero se había desnucado y estaba muerto Tom se estremeció. Pero tenía otras cosas en la cabeza aparte de la suerte de un asesino. Dentro de pocas horas su hermano iba a ser juzgado y debía llegar a tiempo con la confecion. Miró a su alrededor y vio que la única manera de salir de allí era escalando lo cual se le antojó muy peligroso por no decir imposible. Pero comprendió que si quería salvar a su hermano tenía que actuar y rápido y lentamente se puso de pie y tanteando a su alrededor se agarró a una roca de más arriba y logró subir y vio que delante de él había una gruta. Recordó entonces que aquello era el escondrijo de un contrabandista y que conducía hasta la vieja posada. Avanzó por el túnel, abrió la trampilla que daba al patio de la posada y salió al exterior y entonces empezó una carrera contra el reloj. Fue corriendo a la estación y llegó justo cuando el tren arrancaba y saltó al estribo de la locomotora «Quiere ganarse cinco libras y salvar la vida de un inocente», gritó El hombre no cabía en sí de asombro. «pues mire de llegar a Sherborough antes de las diez». El maquinista puso el tren a toda máquina y aceleraron hacia la noche.
Capítulo 5
Dieron las nueve y Ralfe estaba en su zelda paseándose intranquilo. Se llevó la mano a la frente que le ardía. ¿era verdad todo lo que estaba pasando o sólo una horrible pesadilla? Se dejó caer en el duro banco Y si lo declaraban culpable? La horca. Se estremeció. En la zelda no había ninguna ventana por donde escapar sólo una pequeña rejilla.
Ralfe se aferró a la barandilla mientras los testigos iban declarando y de repente apareció en la sala un joven tambaleante con el cuello de la camisa desabrochado la corbata torcida y sangre en la cara y una venda en la cabeza. Era tom. No es preciso describir el resto del juicio. Baste decir que la llegada de Tom salvó a Ralfe que fue declarado inocente… Ahora tiene una bonita esposa y dos niños y las tardes de otoño suelen sentarse junto a la lumbre sin cansarse nunca de oír a su padre relatar sus aventuras y las de su hermano en su carrera contra el reloj para llevar la confecion de Fidon.