Stories 93 / Random

Stories by juan rulfo

mi padre (spanish)

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Mi padre fue un hombre bueno.
Vivió en esa época en que todo era malo. En que no se podían hacer planes para el mañana, pues el mañana era incierto y el hoy no terminaba todavía. Los tiempos eran malos: no se veía el cielo ni la tierra; ni si había sol o si el viento venía del norte o del sur. Todo era malo para el mundo. Pero mi padre era bueno y creía en la vida.
Lo mataron un amanecer, pero él no se dio cuenta cuándo murió ni por qué murió. Lo mataron y para él se acabó la vida. Siguió existiendo para los demás y poco a poco se fue tranquilizando el mundo, renovándose hasta que el agua de la lluvia era visible, distraía a los hombres y les devolvía la conciencia de la esperanza.
Mi padre murió un amanecer oscuro, sin esplendor ninguno, entre tinieblas. Lo amortajaron como si hubiera sido cualquier hombre y lo enterraron bajo la tierra como se hace con todos los hombres. Nos dijeron: «Su padre ha muerto», en esa hora del despertar, cuando no duelen las cosas; cuando nacen los niños, cuando matan a los condenados a muerte. En esa hora del sueño, cuando uno está a mitad del sueño dentro de los sueños inútiles, pero llevaderos, fatales, pero necesarios.
—Su padre ha muerto.
Yo soñaba que tenía un venado en mis brazos. Un venado dormido, pequeño como un pájaro sin alas; tibio como un corazón quieto y palpitante, pero adormecido.
—Se le acabó la vida.
Era hora del amanecer, tan sombría, tan sin color, sin ningún color. En que todo está tan lejano.
Y tuve que llorar, y tener que oprimir el corazón para que suelte su jugo. Forzarlo hasta el llanto. A un corazón que sueña casi dormido, para golpearlo con el martillo de la pena y hacerle sentir su dolor. Hice eso, sólo por llorar. Por no gemir en silencio.
«El venado ha muerto. Es sólo un animal muerto entre tus brazos.»
Déjenme seguir mi sueño. Todo lo demás es mentira. Nadie puede morir mientras uno duerme.
—Ya son las tres de la mañana y hemos traído a tu padre. Lo han asesinado anoche.
—Anoche. ¿Cuál noche? Mi vida no tiene una noche. No es oscura. La vida siempre vive de día. ¿Qué dices?
—Que son las tres de la mañana. Levántate. Tu padre está aquí, tendido. Lo han matado anoche.
—¿Quién? ¿Hablas de mi padre? Él no puede morir. Nadie le puede hacer nada. La justicia mataría la tierra. Secaría las manos y haría inútil ya la vida para el hombre. Él nos ha dado vida y si sentimos que hay día es por él, y si sentimos que hay vida es por él. No puede morir.
—Lo han matado.
—¿Cuándo? ¿A qué hora?
Yo no sentí nada, y el mundo lo hubiera sentido.
—Anoche. Levántate. Ven a verlo.
—Es mentira.
—Lo enterrarán hoy en la tarde.
—No enterrarán a nadie. Mi padre no puede ser un muerto. Morirá después que nosotros. Su vida no está hecha de miseria como la nuestra, ni de despojos cual la nuestra…
—¿No vas a verlo? Levántate y ven a verlo antes de que lleguen los que lo han querido o conocido.
—Mi padre no ha muerto. Tú me odias. Has venido a despertarme porque me odias. Déjame acabar mi sueño.
—Como tú quieras, pero después del mediodía lo enterrarán.
—Apaga la luz. Apaga esa luz y vete. ¿Por qué ríes si dices que mi padre ha muerto? Vete. Tengo aquí a un venadito dormido. No lo despiertes. Sé quién eres. Sé que sólo el demonio madruga para asustar a los que duermen. No ha muerto, es la pura mentira. Es la mentira pura. ¡Vete!
Y mi llanto se hizo agua como la sangre. Y cuando oía allá lejano el llanto de mi madre, mi sangre se hizo como el agua.