Stories 93 / Random

Stories by franz kafka

poseidón (spanish)

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Poseidón estaba sentado frente a su mesa de trabajo y calculaba. La administración de todas las aguas le daba un trabajo infinito. Habría podido tener toda la ayuda que hubiera querido y, ciertamente, tenía mucha, pero como se tomaba su cargo muy en serio, lo calculaba todo una vez más y así apenas le servían de algo sus auxiliares. No se puede decir que le gustara su trabajo, en realidad sólo lo realizaba porque se lo habían impuesto. Con frecuencia se había ofrecido para realizar un trabajo más alegre, como él lo expresaba, pero siempre que se le hacían propuestas resultaba que ninguna se podía equiparar con su cargo actual. Además, era muy difícil encontrar algo diferente para él. Era imposible adjudicarle, por ejemplo, un mar determinado, aparte de que aquí el trabajo de cálculo no era más pequeño, sino más meticuloso, aunque el gran Poseidón podría mantener aún una posición dominante. Y si se le ofrecía un puesto fuera del agua, se ponía enfermo sólo de imaginarlo, su respiración divina se alteraba, su broncíneo tórax temblaba. Por lo demás, sus quejas no se tomaban realmente en serio; cuando un poderoso protesta, hay que intentar transigir hasta en los asuntos con menos probabilidad de éxito; nadie pensaba seriamente que Poseidón pudiera ser destituido del cargo. Desde tiempos inmemoriales había sido designado dios de los mares, y así tendría que seguir siendo.
Lo que más le enojaba —y esto era lo que causaba principalmente su insatisfacción con el cargo— era oír las ideas que se tenían de él; cómo él, por ejemplo, no paraba de desplazarse a través del oleaje con su tridente. En vez de eso se pasaba todo el día sentado en las profundidades del océano y calculaba ininterrumpidamente; una visita de vez en cuando a Júpiter era lo único que rompía la monotonía, un viaje del que, por lo demás, regresaba furioso la mayoría de las veces. Por esta razón, apenas había visto los mares, sólo de un modo fugaz durante la rápida subida al Olimpo, y jamás los había atravesado. Solía decir que esperaba hasta el fin del mundo, entonces se produciría un instante de tranquilidad en el que, poco antes del final y después de revisar las últimas cuentas, podría realizar una pequeña y rápida gira.